Casi cuatro millones de italianos llegaron a estas tierras cargados de ilusiones, con la esperanza depositada en la pampa lejana. Dejaron atrás amores y miserias. Amores y miserias encontraron al llegar.
En el puerto de Génova, familias desgarradas lloraban en los muelles mientras los barcos se llenaban de campesinos; pero la imagen de cientos de familias hambrientas de progreso empezó en 1850, cuando en Europa se sentían las consecuencias de la Revolución Industrial y el crecimiento del sistema capitalista.
A ellos les habló en 1870 Bartolomé Mitre durante un largo discurso en el Senado: " Los agricultores de Lombardía, del Piamonte y de Nápoles, los más hábiles y laboriosos de Europa… Sin ellos no tendríamos legumbres ni conoceríamos las cebollas y las papas, puesto que en materia de agricultura estaríamos igual que los pueblos más atrasados de la Tierra ".
La impronta del romanticismo clasicista italiano se nota en el Congreso, el Teatro Colón, la Casa Rosada y la Iglesia del Pilar, diseñadas por arquitectos italianos.
Los inicios del siglo XX también fueron de mucho movimiento en el puerto de Buenos Aires. La última ola inmigratoria fue después de la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que entre 1946 y 1965 llegaron a la Argentina otros 500.000 italianos.
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