martes, 26 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
martes, 12 de julio de 2011
Cosas lindas de aquellos colonos !!!!!!! de Entre Rios.
Es probable que en ese lugar se encuentren herramientas que fueron usadas por la familia .........
vacaciones
Por fin llegaron las tan esperada vacaciones.Seguro que el profe nos dara algo para estudiar.
viernes, 8 de julio de 2011
Crisis y recuperaciòn del estado 2001
Crisis y recuperación del estado 2001
La crisis argentina de fines de 2001 y principios de 2002 puede ser entendida como el desenlace de un largo proceso de descomposición de algunos de los pilares que habían sostenido el orden político y social de la década anterior. En primer lugar, encontramos el fin de la norma fundamental del ordenamiento económico de los 90: la Ley de Convertibilidad. Esta política formó parte de un conjunto mayor de reformas de corte neoliberal cuyo fin principal fue el de reducir el rol del Estado tanto en sus funciones como en sus capacidades, autolimitado las posibilidades de acción autónoma del aparato estatal. La rigidez de la Convertibilidad impidió cualquier acomodación flexible a nuevos escenarios, como los surgidos tras las crisis asiáticas y rusa, y la devaluación del real en Brasil.
En segundo lugar, y claramente vinculado con lo anterior, en los 90 se debilitó el paradigma de la sociedad argentina como una estructura con coadyuvó, indudablemente, con el estallido social ocurrido los días 19 y 20 de Diciembre de 2001.
Finalmente, en la década pasada se incubó un proceso de desafeccimovilidad ascendente, con acotados márgenes de pobreza y con un Estado comprometido con la reducción de la marginalidad y la exclusión. La indiferencia estatal ante estas problemáticas ón social hacia la política, que también influyó en esos acontecimientos. La auto referencialidad de la política, las generalizadas sospechas de corrupción y la falta de decisión política para tomar medidas que contrariaran al aparentemente todopoderoso "mercado", generaron un clima de apatía o directa hostilidad hacia los principales partidos políticos, los cuales, con la excepción parcial del Justicialismo, fueron duramente castigados en los comicios de 2001.
En segundo lugar, y claramente vinculado con lo anterior, en los 90 se debilitó el paradigma de la sociedad argentina como una estructura con coadyuvó, indudablemente, con el estallido social ocurrido los días 19 y 20 de Diciembre de 2001.
Finalmente, en la década pasada se incubó un proceso de desafeccimovilidad ascendente, con acotados márgenes de pobreza y con un Estado comprometido con la reducción de la marginalidad y la exclusión. La indiferencia estatal ante estas problemáticas ón social hacia la política, que también influyó en esos acontecimientos. La auto referencialidad de la política, las generalizadas sospechas de corrupción y la falta de decisión política para tomar medidas que contrariaran al aparentemente todopoderoso "mercado", generaron un clima de apatía o directa hostilidad hacia los principales partidos políticos, los cuales, con la excepción parcial del Justicialismo, fueron duramente castigados en los comicios de 2001.
Trabajo realizado por Amelia,
martes, 5 de julio de 2011
inmigracion argentina
soy nieta de inmigrantes españoles mis abuelos llegaron al pais escapados de la guerra,aqui formaron una familia,me legaron todas sus costumbres como comidas,canciones de hecho yo soy cantante de copla,musica en general de España.Mi abuela cocinaba callos a la gallega,pucherito madrileño etc...quiero decir que mis abuelos amaban mucho nuestro pais y agradecidos por la hermosa familia
lunes, 4 de julio de 2011
PARTE DE MI RAIZ
HHola !!! soy Maria ,yo no tengo fechas precisas solo recuerdos como de mis abuelos Alemanes por parte de mi madre y por parte de mi padre criollos vaya a saber con que decendencia ,(mecla si las hay en Argentina).
Muchas historias dan vueltas en mi cabeza sin quedar muy claras ,más recuerdo tengo de los abuelos del campo colonos de Santa Anita de Entre Rios (como yo dacia mis abuelos maternos ellos tenian 12 hijos ) cultivaban la tierra habian muchas maquinas ,mucho ganado ovino y bovino por lo cual hacian quesos de todo tipo ,salames ,amasaban el pan ,tortas y distintos tipos de masas tipicas que se guardeba en una sala grande ya que no se cocinaba todos los dias ,ya que esto se cocia en horno de barro y a leña ,del cual tengo en mi memoria ese lugar y su olor irrepetible ,cacechaban la miel sabor inigualable !!! arboles frutales de todas claces y olvidar la granja con gallinas ,pato ,gansos ,pavos ahi si eran los huevos de campo ! y cada uno tenia su caballo ,también estaba el sulqui y algun que otro carro ,lo que no se hacia en el lugar se intercambia con algun vecino .El campo se dividia con tranqueras y hasta tenia caminos internos para pasar creo de una ruta otra ; hasta que un buen dia no se que gabierno le saco las tierras y que daron con cuarto de manzana de tierra en Villaguay ,en donde la abuela decia que en ese lugar no se padia vivir solo tenia algunas gallinas y un quintita .Y alli quedaron ,el abuelo armando su cigarro y la abuela tejiendo esperando pasar su vejes ya que cuando se casaron creo tenian 13y 14 años costumbres de la epoca.
yo llegue a estar en sus 68 años de casados ,eramos aproximadamente 450 personas que no jutamos ,hijos yernos ,nueras, primos y primas nietos y bisnietos entre los cuales ya estaban mis hijos (hoy con decendencia italiana ). y por esas cosa de la vida perdi contacto con parte de la famila ,pero hoy me voy re encontrando por facebookSI QUE LAS RAICES SON ENREDADAS !!!!!!!!
MARIA FUNEZ
Muchas historias dan vueltas en mi cabeza sin quedar muy claras ,más recuerdo tengo de los abuelos del campo colonos de Santa Anita de Entre Rios (como yo dacia mis abuelos maternos ellos tenian 12 hijos ) cultivaban la tierra habian muchas maquinas ,mucho ganado ovino y bovino por lo cual hacian quesos de todo tipo ,salames ,amasaban el pan ,tortas y distintos tipos de masas tipicas que se guardeba en una sala grande ya que no se cocinaba todos los dias ,ya que esto se cocia en horno de barro y a leña ,del cual tengo en mi memoria ese lugar y su olor irrepetible ,cacechaban la miel sabor inigualable !!! arboles frutales de todas claces y olvidar la granja con gallinas ,pato ,gansos ,pavos ahi si eran los huevos de campo ! y cada uno tenia su caballo ,también estaba el sulqui y algun que otro carro ,lo que no se hacia en el lugar se intercambia con algun vecino .El campo se dividia con tranqueras y hasta tenia caminos internos para pasar creo de una ruta otra ; hasta que un buen dia no se que gabierno le saco las tierras y que daron con cuarto de manzana de tierra en Villaguay ,en donde la abuela decia que en ese lugar no se padia vivir solo tenia algunas gallinas y un quintita .Y alli quedaron ,el abuelo armando su cigarro y la abuela tejiendo esperando pasar su vejes ya que cuando se casaron creo tenian 13y 14 años costumbres de la epoca.
yo llegue a estar en sus 68 años de casados ,eramos aproximadamente 450 personas que no jutamos ,hijos yernos ,nueras, primos y primas nietos y bisnietos entre los cuales ya estaban mis hijos (hoy con decendencia italiana ). y por esas cosa de la vida perdi contacto con parte de la famila ,pero hoy me voy re encontrando por facebookSI QUE LAS RAICES SON ENREDADAS !!!!!!!!
MARIA FUNEZ
domingo, 3 de julio de 2011
Casi cuatro millones de italianos llegaron a estas tierras cargados de ilusiones, con la esperanza depositada en la pampa lejana. Dejaron atrás amores y miserias. Amores y miserias encontraron al llegar.
En el puerto de Génova, familias desgarradas lloraban en los muelles mientras los barcos se llenaban de campesinos; pero la imagen de cientos de familias hambrientas de progreso empezó en 1850, cuando en Europa se sentían las consecuencias de la Revolución Industrial y el crecimiento del sistema capitalista.
A ellos les habló en 1870 Bartolomé Mitre durante un largo discurso en el Senado: " Los agricultores de Lombardía, del Piamonte y de Nápoles, los más hábiles y laboriosos de Europa… Sin ellos no tendríamos legumbres ni conoceríamos las cebollas y las papas, puesto que en materia de agricultura estaríamos igual que los pueblos más atrasados de la Tierra ".
La impronta del romanticismo clasicista italiano se nota en el Congreso, el Teatro Colón, la Casa Rosada y la Iglesia del Pilar, diseñadas por arquitectos italianos.
Los inicios del siglo XX también fueron de mucho movimiento en el puerto de Buenos Aires. La última ola inmigratoria fue después de la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que entre 1946 y 1965 llegaron a la Argentina otros 500.000 italianos.
miércoles, 29 de junio de 2011
REGRESO A LA ARGENTINA (HISTORIA REAL)
Año 2000 : 87.068
Año 2001 : 62.000
España e Italia, fueron los destinos preferidos para probar suerte. En el 2.002, 46.073 argentinos fueron a España y no volvieron. En el 2.003, otros 4.754 llegaron allí .
Italia: en el 2.002: 56.601 más que en España.
Las personas que se iban eran mayormente de clase media. Como decían en los años 90 que estábamos en el primer mundo (haciéndonos creer) pensaban que estaban viviendo en un país no muy creíble.
Este movimiento de la población se desata por la crisis económica y el alto nivel de desempleo.
Pero una vez que emigraban, la situación no era tan fácil, pensaban encontrar un paraíso, llevándose una gran desilusión.
Aproximadamente a una década de esto, muchos argentinos finalmente decidieron regresar a su patria.
Aproximadamente a una década de esto, muchos argentinos finalmente decidieron regresar a su patria.
Tal es así que puedo narrar la historia de mi sobrino, emigrado a España, su Flia. está compuesta por su esposa y un hijo.
En el año 2.000 partió para España, buscando nuevos horizontes, fue solo, siendo él Arquitecto, Flia. de clase media, no daba para mas, no conseguía trabajo, se fue solo, vendiendo su casa. Su mujer e hijo, se fueron a vivir con sus padres.
En España lo recibe un primo, que a su vez también se había ido hacia 2 años, hospedandose en su casa.
No consiguiendo trabajo, tampoco vivienda, por que si no tenía un trabajo fijo no podía alquilar.
Salia todas las mañanas a comprar el diario, viendo los avisos y entregando currículum, pero el problema venía también que debía tener una referencia de alguien de ese país. Haciéndose amigo del diariero, y viendo este, la preocupación de mi sobrino, y también observando su buena conducta, y empeño por conseguir trabajo, y ya que habían pasado 2 meses, lo recomendó a unos amigos que tenían una empresa de construcción, del cual salió él de referencia.
Comenzando a trabajar, pudo alquilarse un Dto. y traer a su Flia. del cual su esposa comenzó a trabajar en una panadería, de empleada, pudiéndose poner con el tiempo un negocio de venta de ropa. Así pasaron 10 años, en el transcurso de ese tiempo sus salidas eran, agruparse con Argentinos conocidos allá, seguían las costumbres del mate, alfajores etc.
Se vuelve a repetir la historia, con otros amigos Arg. llegados a España, donde él los hospeda, hasta conseguir un trabajo.
En el año 2010 y viendo que España no daba para mas, y quedandose sin trabajo. Pues todo lo que era construcción se vino abajo. Siendo que el trabajaba de eso, Su esposa no pudo mantener el negocio de ropa y decidieron venir a Argentina, viniendo primero mi sobrino, hospedándose de su Hna. buscando trabajo nuevamente, encontró en una constructora, siempre trabajando de Arquitecto.
Manda llamar a su Flia. para que vuelva nuevamente a su tierra.
Ya teniendo su hijo 18 años, comienza la Facultad en nuestro País. IRMA
Así es la historia de un inmigrante que vuelve a su País
martes, 28 de junio de 2011
Esta es mi historia
Me llamo Marisa soy italiana y contare la experiencia de mi familia, yo naci en el pueblo Frosinone Pcia. de Sora
mi padre hizo el servicio militar en Italia y trabajaba la tierra para el sustento. Tengo tres hermanos mas grande y cuando tenia 3 años llegamos a la Argentina hospedandonos en la casa de mis abuelos, por el motivo de no tener donde vivir, mi padre comienza a trabajar en la Papelera del Plata en el cual pudimos ir haciendo de apoco
nuestra vivienda como operario, siguiendo ahi hasta jubilarese.
Yo fui testigo - publicado en el Suplemento RADAR de Página 12 del 19 de mayo de 2002
Nació en Polonia. Luchó contra la ocupación soviética. Estuvo preso en Siberia. Se convirtió en camarógrafo y filmó el frente de batalla en Italia. Estuvo en Alemania durante la liberación. Pero terminada la guerra fue perseguido por “guerrillero”. Entonces recaló en Buenos Aires, donde se conviritió en el camarógrafo de “Sucesos Argentinos” y filmó buena parte de la historia argentina del ‘50 para acá. Tadeo Bortnowski recibe en su casa de Olivos a Radar y habla de lo difícil que se le hace hablar sobre todo lo que vio.
Por Mariano Blejman
El camarógrafo Tadeo Bortnowski, de 78 años, tuvo una vida agitada: estuvo preso en Siberia durante la Segunda Guerra Mundial, fue integrante del Ejército Polaco como corresponsal de guerra, filmó en la línea de fuego contra Alemania y capturó las imágenes del horror en los alrededores de Nuremberg durante el juicio a los jerarcas nazis. Es, según él mismo cree, único sobreviviente entre quienes se animaron a testimoniar el Holocausto en imágenes. Cuando terminó la guerra se instaló en la Argentina y entró en la historia del país detrás de las cámaras del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica: Sucesos Argentinos. Hoy, a 57 años del fin de la Segunda Guerra –y dentro de su casa ubicada a tres cuadras de la residencia de Olivos–, Bortnowski recibe a Radar para develar su historia y mostrar, también, algunas imágenes de aquellos días de espanto.
El soldado polaco
Tadeo Bortnowski nunca hizo el servicio militar. Tal vez por eso su mirada envuelva con ojos amables a quien lo escucha de cerca. Tiene una memoria visual prodigiosa, bien guardada en sus relatos. Una parte de sus imágenes se oculta dentro de un estrecho placard que da a la calle: es su medio siglo en la Argentina. La otra parte de sus imágenes, esos cinco años en la línea de fuego de la Segunda Guerra Mundial, están nada más que en sus propias retinas. De miles de horas capturadas tiene, sólo, pocos minutos en VHS. El resto descansa en fílmico, en algún lugar del mundo. Su pelo castaño y sin canas le dan cierto aire cincuentón. Aún así, habiendo perdido dos décadas de apariencia, parece no haber olvidado sus mañanas de guerrero.
¿Por dónde quiere comenzar Tadeo?
–...
Él quisiera contar todo pero no le salen las palabras. Están detrás de la garganta amontonadas junto a las condecoraciones. Dentro de esa carpeta donde acurrucó celosamente aquellos papelitos que guarda desde que estalló la guerra en 1940. “Tenía 16 años y era un estudiante de secundario”, dice por decir algo. Polonia era ocupada por Alemania al Oeste y por la Unión Soviética al Este. En agosto de 1939, Hitler y Stalin habían firmado el pacto de “no agresión” con el que se repartieron Polonia. “Yo vivía en Piñsk, a 150 kilómetros de Rusia. Pero lo que ahí dentro sucedía era un misterio”, recuerda hoy a pocos días de cumplir 78 años. Bortnowski tenía, sin saberlo, el destino marcado. Nació con una fecha patria argentina: el 25 de mayo de 1924.
“Al principio luchamos contra los alemanes y contra los rusos.” El joven Bortnowski fue militante de una organización estudiantil subversiva. “Cuando ellos llegaron pensamos que iban a durar poco: ataban sus fusiles con piolines, no tenían zapatos de cuero sino de telas engomadas, no llevaban relojes, ni siquiera los oficiales. Creímos que sería fácil vencerlos. Los alemanes, en cambio, estaban bien equipados.” Bortnowski nunca imaginó que la guerra podría perderse, ni que iba a durar tanto tiempo. Pero los rusos lo arrestaron por opositor y lo enviaron a la lejana Siberia. “Recién ahí conocí la URSS por dentro.” Su madre y sus hermanos, de familia católica, sobrevivieron a los años con los dientes apretados. Ahora, en un rincón, Bortnowski cuelga un afiche del Papa paisano Juan Pablo II. Ya, en aquel entonces, Dios no pudo salvarlo de la cúpula stalinista. Pero le iba a dar una pequeña recompensa llamada Argentina, si es que puede llamarse recompensa. Entre Siberia, el norte próximo al Artico y países satélites como Uzbekistán, Kasajstán y Turkmenistán hubo casi dos millones de “opositores” a los soviéticos. Un verdadero ejército de reserva.
Estepas rusas
Tadeo Bortnowski ofrece un café sin azúcar y, mientras lo hace, desempolva una carpeta prolijamente guardada en un cajón. Sus papeles certifican lo que cuenta.
¿Por qué guardó todo esto?
–Siempre tuve alma de archivista. Tengo todos los papelitos...
El joven Bortnowski pasó dos años en Siberia acostumbrándose a la muerte, pero nunca le llegó en carne propia. De allí le quedan los recuerdos de veranos calurosos e inviernos donde la saliva caía al piso convertida en escarcha. “El aire era tan cristalino que se podía escuchar a dos personas hablar a 20 kilómetros de distancia.” Al principio cortó maderas, limpió la nieve de las vías y realizó trabajos forzados. Su ración diaria de comida llegaba a 400 gramos de pan y una sopa. “Al que se debilitaba le reducían las raciones y ya no trabajaba. Ni tampoco comía. Y al poco tiempo se moría. Usaban siempre el mismo cajón para enterrarlos a todos.”
Bortnowski podría haber tenido esa suerte: cayó enfermo, pero fue justo cuando los alemanes rompieron el pacto con la URSS e invadieron el resto de Polonia en dirección a las estepas. Cuando el ejército nazi sitió Leningrado y rondó las periferias de Moscú, Stalin pactó con Winston Churchill y Wladyslaw Sikorski, jefe de los polacos en el exilio, la organización de un ejército con cien mil polacos que salieron de Siberia. El Primer Cuerpo ya se había formado en Francia con aquellos que habían escapado de los alemanes. Según muestra el certificado en polaco emitido por el Ejército Soviético el 18 de junio de 1942, Bortnowski estaba incorporado al Segundo Cuerpo del Ejército Polaco. Permaneció en el hospital durante mayo de 1942 y sus primeros encuentros con la muerte lo encontraron acostado: “Al lado mío se morían de tifus y malaria tropical. Yo tuve malaria pero me salvé”. El 17 de junio de ese mismo año fue dado de alta. Como no tenía fuerzas para realizar el viaje hasta el Ejército Polaco, el delegado del hospital lo envió cerca de Tashkent, en Uzbekistán.
–Para llegar me dio 150 rublos, dos dólares para la época.
Tadeo muestra su certificado médico que diagnostica una “cronosepsis y endocarditis aguda”. Es decir, una inflamación del corazón por el frío y la falta de alimento. “Hasta ese momento nadie había salido de Rusia. No se podía constatar lo que sucedía.” Pero de pronto la “reserva” polaca fue evacuada: los problemas de abastecimiento acuciaban a Stalin. “Nos dieron víveres, armamento y vestimenta y nos dejaron salir a Persia (hoy Irán), donde los barcos ingleses se cargaban de petróleo.” Pero la guerra todavía no comenzaba para Bortnowski.
Un deportado sin escalas
El nuevo ejército polaco armado en la Unión Soviética se evacuó por el Mar Caspio. Pero su enfermedad le dio dos ventajas: viajó en camión por el borde del Himalaya y cuando llegó a Persia le propusieron que aprendiera a filmar. Necesitaban un camarógrafo para contrarrestar la propaganda nazi. En esa época intentó un primer contacto con su gente. Ahora enseña una carta que recibió de respuesta a otra que había enviado a su familia. La respuesta llegó de puño y letra de su madre desde su pueblo natal, fechada en junio de 1943. Vía Turquía. Y no traía buenos augurios: una estampilla de Hitler estaba en el dorso.
Bortnowski se perfeccionó en El Cairo con técnicos polacos. Y todavía guarda boletos de hoteles de la ciudad. “Cuando estuve entrenado me mandaron a Italia para filmar en el frente de batalla.” Había dos cameramen mayores que no estaban preparados para la guerra y, también, soldados polacos, neocelandeses, británicos, norteamericanos; hasta un pequeño batallón de brasileños.
Desde las bases militares de Italia se editaba el noticiero del Ejército Polaco y se enviaba material a Inglaterra para el famoso programa “WorldVictorial News”, que se repartía por el mundo aliado. En el frente, Bortnowski no tenía asistentes ni ayudantes. Contaba sólo con un permiso otorgado por el Ejército Polaco que estaba bajo el mando del Octavo Ejército del General Montgomery de Inglaterra, una cámara liviana (“era una Debrai de origen norteamericano”), y un trípode. Había conseguido ser nombrado Oficial, aunque su único métier era el de corresponsal. Todavía guarda el papel escrito en polaco e inglés que le habilitó para llegar varias veces donde muchos estuvieron por última vez. Simplemente pedía que lo acercaran en tanque o un camión y “de ahí me manejaba a pie”. Llegó a estar delante de las tropas aliadas: “Estaba todo camuflado. Los soldados tenían una equis blanca detrás de la mochila para que supiéramos que eran nuestros. Había momentos bravos. Hubo que vadear arroyos para poder avanzar y había que proteger a los ingenieros que hacían puentes para la tropa. Nunca sabíamos si sobrevivíamos el próximo minuto”. Cuando comenzó a filmar, no había cumplido los 20 años.
En pie de guerra
Entre el ‘43 y el ‘45 Bortnowski filmó miles de movimientos de tropas, combates y muertes en vivo y en directo. Que se emitieron, por supuesto, en diferido. Aunque sufrió algunas heridas, nunca lo tocó una bala. De todos esos combates tiene pegadas en el iris aquellas sórdidas imágenes de las primeras horas de la posguerra. Con el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945, y la inminente rendición incondicional del 8 de mayo, el ejército lo envió a Alemania para documentar. “No sabíamos qué íbamos a encontrar, pero sí que iba a ser un testimonio para la posteridad”, dice Bortnowski, que salió de Italia en “ayuda humanitaria” para los recién liberados de campos de concentración.
“Camuflé mi misión: tenía miedo que los rusos se quedaran con las cintas.” Y así, sus retinas comenzaron a quemarse con fuego: captó esos rostros famélicos que vagaban por las calles alemanas después del fin, tomó vestigios de cuerpos recién exhumados, de las fosas comunes, de hombres colgados de sus testículos, de torturas de todas las formas y sus restos. La resaca del horror se le hacía presente a cada momento. Y todavía le aparece cada tanto. Pero Bortnowski no podía detenerse. Era su oportunidad de testimoniar el delirio encarnado en el odio. Por eso visitó Munich: “Las casas estaban como ahora se ve en la Franja de Gaza o como quedó Afganistán. No había dónde parar, ni dónde dormir. Nos acostábamos en nuestros camiones. El único lugar que estaba bien era en los edificios de Frankfurt donde se encontraba Eisenhower”.
El joven camarógrafo llegó a Nuremberg en el momento que comenzaba el juicio a los responsables del Holocausto. Fue entre el 20 de noviembre y el 1º de octubre de 1946, pero la Cruz Roja ya investigaba el fusilamiento de 15.000 oficiales polacos por balas soviéticas en Katyn, durante la primavera de 1940. El gobierno de Inglaterra había mandado delegados polacos para constatar de quiénes eran las balas, y Stalin, enfurecido, cortó relaciones con Polonia. Cuando llegó el juicio, Bortnowski no pudo ingresar a la sala: por polaco. Ingleses, norteamericanos y soviéticos tuvieron los derechos exclusivos. Entonces, se dedicó a filmar los alrededores. “Después seguí hacia el norte de Alemania, donde estaba estacionada una tropa polaca que liberó Holanda. Ahí me enteré de una batalla en la que un grupo de paracaidistas británicos y polacos se lanzó sobre el río Rin. Los alemanes los estaban esperando, liquidaron en el aire a gran parte del batallón y los aliados tuvieron que replegarse. Cuando escuché esto, pedí que se reconstruyera la batalla.” Y así se hizo. Muy cerca, la locura de la guerra había hecho un paréntesis curioso: el hospital de la zona curó, a la vez, a los alemanes y a los aliados.
El fin y los medios
“¡Qué ironía!”, se resigna Tadeo. El fin de la guerra lo encontró con 21 años y una verdadera paradoja: “Los polacos fuimos losprimeros atacados, los primeros que nos defendimos y los primeros en morir como moscas. Pero en el desfile de la victoria aliada marcharon franceses, norteamericanos, ingleses, rusos, neocelandeses y los polacos no fuimos invitados”. Cuando todo terminó, Bortnowski pensó en volver a Polonia. “Nunca se me ocurrió que íbamos a tener un gobierno comunista.” Yacía sobre su cabeza una sentencia de muerte por haber sido “guerrillero” contra los soviéticos. Y había perdido también su nacionalidad de polaco.
Volvió entonces a Italia y fue evacuado por los ingleses, con su archivo audiovisual completo, hacia Londres. El ejército le otorgó una indemnización y le dio transporte gratis a “cualquier lugar del mundo”. Muchos se dispersaron por Canadá, Australia y Estados Unidos. Otros terminaron en Israel. Entre ellos Menahem Begin, el entonces suboficial del Ejército Polaco que organizó el Estado de Israel. Otros, como Bortnowski, terminaron en la Argentina. Todo eso en 1948.
¿Por qué eligió la Argentina?
–Porque fue el único lugar que pude elegir. Iba a trabajar en Londres con un cineasta escocés haciendo documentales en todo el Imperio Británico, pero cuando el gremio se enteró de que era polaco, me prohibió. La lista de ingleses desocupados eran tan larga como la de Schindler. Y para entonces Norteamérica ya no tenía cupo de ingreso. Bortnowski recuerda aún el diálogo con un superior:
–¿Pero a dónde me puedo ir ya mismo? –se enojó.
–Puede ir a la Argentina.
Se dirigió a la Embajada de la Argentina en Londres. Le dieron el ok. Y embarcó de inmediato. A pesar de haber filmado tanto, eligió sólo dos latas como compañía de viaje: la primera es una imagen de cuando fue condecorado con “La Cruz de los Valientes”, por estar en el frente; la otra es de la famosa batalla donde fue tomado el claustro de Montecassinos, en Italia, en mayo de 1944. Además, recibió “La Cruz de Alberto”, “La Cruz por la acción en Italia” y varias distinciones inglesas.
¿Qué sabía de la Argentina?
–Nada. Pensaba que Buenos Aires estaba sobre el mar.
Sucesos Argentinos
Bortnowski llegó en pleno gobierno de Perón. Se acercó al Ejército a pedir empleo pero lo derivaron a la Marina, que tenía un departamento de filmaciones. “Les gustó mi currículum y me recomendaron en Sucesos Argentinos, con quienes colaboraban.” Catorce años después llegó a ser director del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica. Y el más famoso “house organ” que ofició de antesala acartonada e informativa de los cines hasta su cierre definitivo en 1974. Aprendió el español mientras miraba por cámara, consiguió una mujer, cuatro hijos y nueve nietos.
Como habitante expulsado de un viejo continente destruido, la Argentina era, para él, un país de ascenso y destino esperanzador. Aunque a los pocos años ya volvía al ruedo, y filmó una nueva contienda: la Revolución Libertadora de 1955, que despojaba a Perón del poder a puro cañonazo; las peleas entre Azules y Colorados, el levantamiento de Paracaidistas contra Onganía y los bombardeos a Plaza de Mayo. Volvió a Polonia recién en 1960 para ver a su familia con miedo de que lo arrestaran. “Iba con pasaporte de No-Argentino que daban a los residentes. Viajé a Suiza desde Buenos Aires a filmar para Sucesos Argentinos la inauguración de los vuelos de Swiss Air y cuando llegué me obsequiaron un viaje a donde quisiera.” Y visitó su tierra, aunque pronto retornó al país. Después del cierre de Sucesos Argentinos fundó una productora cinematográfica que llamó Notrus Film. Y tuvo la primera herida grave de guerra: se le reventaron los intestinos en Campo de Mayo en 1990, cuando filmaba dentro de un tanqueque cayó en un cráter. Le hizo un juicio al Ejército y se lo ganó. Aunque todavía espera la paga.
Su archivo personal resguarda imágenes de Sucesos Argentinos. De la guerra, en cambio, ni siquiera tiene lo de Montecassinos que mandó de vuelta a Polonia. “Cada tanto descubro mis filmaciones en documentales norteamericanos.” En su pieza tiene frescas las imágenes de un país .éste– que ya no existe: hay en un collage despintado, un hombre de pelo engominado filmando revueltas pasadas en blanco y negro; un diploma otorgado por la Asociación de Reporteros Gráficos; una foto filmando los Saltos del Moconá; otra tomada al Che Guevara durante la visita a Uruguay en 1962; una película que filmó con Borges y todavía guarda “porque ningún canal quiso comprármela”; una vieja cámara de origen francés, comprada en Norteamérica; y un proyector de “cine portil” de 100 kilos de peso. Ahora, frente al televisor se anima a descubrir unas pocas imágenes de su pasado que acompañan un especial que le dedicó la televisión polaca en 1998. Tadeo se dice Tadeusz en su idioma. Pero él piensa que ya no es de donde es: “No tengo pasaporte polaco”.
Sobre la crisis argentina, laconiza: “Esto es lo más oscuro que he vivido en la Argentina. Veo nubarrones sobre el país, aunque tengo mucha fe, porque la Argentina no puede tener hambre. Nuestra crisis no es la que vivieron Rusia o los países europeos después de la Segunda Guerra. Acá la gente no muere de hambre como lo hicimos nosotros”.
¿Podría elegir una sola imagen entre las que filmó?
–Me queda claro el precio que pagó Alemania por haber seguido a Hitler, que pregonaba una raza superior. El nazismo demostró la pequeñez humana.
Pero cuénteme una sola imagen...
–No puedo. Le juro que no puedo.
Por Mariano Blejman
El camarógrafo Tadeo Bortnowski, de 78 años, tuvo una vida agitada: estuvo preso en Siberia durante la Segunda Guerra Mundial, fue integrante del Ejército Polaco como corresponsal de guerra, filmó en la línea de fuego contra Alemania y capturó las imágenes del horror en los alrededores de Nuremberg durante el juicio a los jerarcas nazis. Es, según él mismo cree, único sobreviviente entre quienes se animaron a testimoniar el Holocausto en imágenes. Cuando terminó la guerra se instaló en la Argentina y entró en la historia del país detrás de las cámaras del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica: Sucesos Argentinos. Hoy, a 57 años del fin de la Segunda Guerra –y dentro de su casa ubicada a tres cuadras de la residencia de Olivos–, Bortnowski recibe a Radar para develar su historia y mostrar, también, algunas imágenes de aquellos días de espanto.
El soldado polaco
Tadeo Bortnowski nunca hizo el servicio militar. Tal vez por eso su mirada envuelva con ojos amables a quien lo escucha de cerca. Tiene una memoria visual prodigiosa, bien guardada en sus relatos. Una parte de sus imágenes se oculta dentro de un estrecho placard que da a la calle: es su medio siglo en la Argentina. La otra parte de sus imágenes, esos cinco años en la línea de fuego de la Segunda Guerra Mundial, están nada más que en sus propias retinas. De miles de horas capturadas tiene, sólo, pocos minutos en VHS. El resto descansa en fílmico, en algún lugar del mundo. Su pelo castaño y sin canas le dan cierto aire cincuentón. Aún así, habiendo perdido dos décadas de apariencia, parece no haber olvidado sus mañanas de guerrero.
¿Por dónde quiere comenzar Tadeo?
–...
Él quisiera contar todo pero no le salen las palabras. Están detrás de la garganta amontonadas junto a las condecoraciones. Dentro de esa carpeta donde acurrucó celosamente aquellos papelitos que guarda desde que estalló la guerra en 1940. “Tenía 16 años y era un estudiante de secundario”, dice por decir algo. Polonia era ocupada por Alemania al Oeste y por la Unión Soviética al Este. En agosto de 1939, Hitler y Stalin habían firmado el pacto de “no agresión” con el que se repartieron Polonia. “Yo vivía en Piñsk, a 150 kilómetros de Rusia. Pero lo que ahí dentro sucedía era un misterio”, recuerda hoy a pocos días de cumplir 78 años. Bortnowski tenía, sin saberlo, el destino marcado. Nació con una fecha patria argentina: el 25 de mayo de 1924.
“Al principio luchamos contra los alemanes y contra los rusos.” El joven Bortnowski fue militante de una organización estudiantil subversiva. “Cuando ellos llegaron pensamos que iban a durar poco: ataban sus fusiles con piolines, no tenían zapatos de cuero sino de telas engomadas, no llevaban relojes, ni siquiera los oficiales. Creímos que sería fácil vencerlos. Los alemanes, en cambio, estaban bien equipados.” Bortnowski nunca imaginó que la guerra podría perderse, ni que iba a durar tanto tiempo. Pero los rusos lo arrestaron por opositor y lo enviaron a la lejana Siberia. “Recién ahí conocí la URSS por dentro.” Su madre y sus hermanos, de familia católica, sobrevivieron a los años con los dientes apretados. Ahora, en un rincón, Bortnowski cuelga un afiche del Papa paisano Juan Pablo II. Ya, en aquel entonces, Dios no pudo salvarlo de la cúpula stalinista. Pero le iba a dar una pequeña recompensa llamada Argentina, si es que puede llamarse recompensa. Entre Siberia, el norte próximo al Artico y países satélites como Uzbekistán, Kasajstán y Turkmenistán hubo casi dos millones de “opositores” a los soviéticos. Un verdadero ejército de reserva.
Estepas rusas
Tadeo Bortnowski ofrece un café sin azúcar y, mientras lo hace, desempolva una carpeta prolijamente guardada en un cajón. Sus papeles certifican lo que cuenta.
¿Por qué guardó todo esto?
–Siempre tuve alma de archivista. Tengo todos los papelitos...
El joven Bortnowski pasó dos años en Siberia acostumbrándose a la muerte, pero nunca le llegó en carne propia. De allí le quedan los recuerdos de veranos calurosos e inviernos donde la saliva caía al piso convertida en escarcha. “El aire era tan cristalino que se podía escuchar a dos personas hablar a 20 kilómetros de distancia.” Al principio cortó maderas, limpió la nieve de las vías y realizó trabajos forzados. Su ración diaria de comida llegaba a 400 gramos de pan y una sopa. “Al que se debilitaba le reducían las raciones y ya no trabajaba. Ni tampoco comía. Y al poco tiempo se moría. Usaban siempre el mismo cajón para enterrarlos a todos.”
Bortnowski podría haber tenido esa suerte: cayó enfermo, pero fue justo cuando los alemanes rompieron el pacto con la URSS e invadieron el resto de Polonia en dirección a las estepas. Cuando el ejército nazi sitió Leningrado y rondó las periferias de Moscú, Stalin pactó con Winston Churchill y Wladyslaw Sikorski, jefe de los polacos en el exilio, la organización de un ejército con cien mil polacos que salieron de Siberia. El Primer Cuerpo ya se había formado en Francia con aquellos que habían escapado de los alemanes. Según muestra el certificado en polaco emitido por el Ejército Soviético el 18 de junio de 1942, Bortnowski estaba incorporado al Segundo Cuerpo del Ejército Polaco. Permaneció en el hospital durante mayo de 1942 y sus primeros encuentros con la muerte lo encontraron acostado: “Al lado mío se morían de tifus y malaria tropical. Yo tuve malaria pero me salvé”. El 17 de junio de ese mismo año fue dado de alta. Como no tenía fuerzas para realizar el viaje hasta el Ejército Polaco, el delegado del hospital lo envió cerca de Tashkent, en Uzbekistán.
–Para llegar me dio 150 rublos, dos dólares para la época.
Tadeo muestra su certificado médico que diagnostica una “cronosepsis y endocarditis aguda”. Es decir, una inflamación del corazón por el frío y la falta de alimento. “Hasta ese momento nadie había salido de Rusia. No se podía constatar lo que sucedía.” Pero de pronto la “reserva” polaca fue evacuada: los problemas de abastecimiento acuciaban a Stalin. “Nos dieron víveres, armamento y vestimenta y nos dejaron salir a Persia (hoy Irán), donde los barcos ingleses se cargaban de petróleo.” Pero la guerra todavía no comenzaba para Bortnowski.
Un deportado sin escalas
El nuevo ejército polaco armado en la Unión Soviética se evacuó por el Mar Caspio. Pero su enfermedad le dio dos ventajas: viajó en camión por el borde del Himalaya y cuando llegó a Persia le propusieron que aprendiera a filmar. Necesitaban un camarógrafo para contrarrestar la propaganda nazi. En esa época intentó un primer contacto con su gente. Ahora enseña una carta que recibió de respuesta a otra que había enviado a su familia. La respuesta llegó de puño y letra de su madre desde su pueblo natal, fechada en junio de 1943. Vía Turquía. Y no traía buenos augurios: una estampilla de Hitler estaba en el dorso.
Bortnowski se perfeccionó en El Cairo con técnicos polacos. Y todavía guarda boletos de hoteles de la ciudad. “Cuando estuve entrenado me mandaron a Italia para filmar en el frente de batalla.” Había dos cameramen mayores que no estaban preparados para la guerra y, también, soldados polacos, neocelandeses, británicos, norteamericanos; hasta un pequeño batallón de brasileños.
Desde las bases militares de Italia se editaba el noticiero del Ejército Polaco y se enviaba material a Inglaterra para el famoso programa “WorldVictorial News”, que se repartía por el mundo aliado. En el frente, Bortnowski no tenía asistentes ni ayudantes. Contaba sólo con un permiso otorgado por el Ejército Polaco que estaba bajo el mando del Octavo Ejército del General Montgomery de Inglaterra, una cámara liviana (“era una Debrai de origen norteamericano”), y un trípode. Había conseguido ser nombrado Oficial, aunque su único métier era el de corresponsal. Todavía guarda el papel escrito en polaco e inglés que le habilitó para llegar varias veces donde muchos estuvieron por última vez. Simplemente pedía que lo acercaran en tanque o un camión y “de ahí me manejaba a pie”. Llegó a estar delante de las tropas aliadas: “Estaba todo camuflado. Los soldados tenían una equis blanca detrás de la mochila para que supiéramos que eran nuestros. Había momentos bravos. Hubo que vadear arroyos para poder avanzar y había que proteger a los ingenieros que hacían puentes para la tropa. Nunca sabíamos si sobrevivíamos el próximo minuto”. Cuando comenzó a filmar, no había cumplido los 20 años.
En pie de guerra
Entre el ‘43 y el ‘45 Bortnowski filmó miles de movimientos de tropas, combates y muertes en vivo y en directo. Que se emitieron, por supuesto, en diferido. Aunque sufrió algunas heridas, nunca lo tocó una bala. De todos esos combates tiene pegadas en el iris aquellas sórdidas imágenes de las primeras horas de la posguerra. Con el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945, y la inminente rendición incondicional del 8 de mayo, el ejército lo envió a Alemania para documentar. “No sabíamos qué íbamos a encontrar, pero sí que iba a ser un testimonio para la posteridad”, dice Bortnowski, que salió de Italia en “ayuda humanitaria” para los recién liberados de campos de concentración.
“Camuflé mi misión: tenía miedo que los rusos se quedaran con las cintas.” Y así, sus retinas comenzaron a quemarse con fuego: captó esos rostros famélicos que vagaban por las calles alemanas después del fin, tomó vestigios de cuerpos recién exhumados, de las fosas comunes, de hombres colgados de sus testículos, de torturas de todas las formas y sus restos. La resaca del horror se le hacía presente a cada momento. Y todavía le aparece cada tanto. Pero Bortnowski no podía detenerse. Era su oportunidad de testimoniar el delirio encarnado en el odio. Por eso visitó Munich: “Las casas estaban como ahora se ve en la Franja de Gaza o como quedó Afganistán. No había dónde parar, ni dónde dormir. Nos acostábamos en nuestros camiones. El único lugar que estaba bien era en los edificios de Frankfurt donde se encontraba Eisenhower”.
El joven camarógrafo llegó a Nuremberg en el momento que comenzaba el juicio a los responsables del Holocausto. Fue entre el 20 de noviembre y el 1º de octubre de 1946, pero la Cruz Roja ya investigaba el fusilamiento de 15.000 oficiales polacos por balas soviéticas en Katyn, durante la primavera de 1940. El gobierno de Inglaterra había mandado delegados polacos para constatar de quiénes eran las balas, y Stalin, enfurecido, cortó relaciones con Polonia. Cuando llegó el juicio, Bortnowski no pudo ingresar a la sala: por polaco. Ingleses, norteamericanos y soviéticos tuvieron los derechos exclusivos. Entonces, se dedicó a filmar los alrededores. “Después seguí hacia el norte de Alemania, donde estaba estacionada una tropa polaca que liberó Holanda. Ahí me enteré de una batalla en la que un grupo de paracaidistas británicos y polacos se lanzó sobre el río Rin. Los alemanes los estaban esperando, liquidaron en el aire a gran parte del batallón y los aliados tuvieron que replegarse. Cuando escuché esto, pedí que se reconstruyera la batalla.” Y así se hizo. Muy cerca, la locura de la guerra había hecho un paréntesis curioso: el hospital de la zona curó, a la vez, a los alemanes y a los aliados.
El fin y los medios
“¡Qué ironía!”, se resigna Tadeo. El fin de la guerra lo encontró con 21 años y una verdadera paradoja: “Los polacos fuimos losprimeros atacados, los primeros que nos defendimos y los primeros en morir como moscas. Pero en el desfile de la victoria aliada marcharon franceses, norteamericanos, ingleses, rusos, neocelandeses y los polacos no fuimos invitados”. Cuando todo terminó, Bortnowski pensó en volver a Polonia. “Nunca se me ocurrió que íbamos a tener un gobierno comunista.” Yacía sobre su cabeza una sentencia de muerte por haber sido “guerrillero” contra los soviéticos. Y había perdido también su nacionalidad de polaco.
Volvió entonces a Italia y fue evacuado por los ingleses, con su archivo audiovisual completo, hacia Londres. El ejército le otorgó una indemnización y le dio transporte gratis a “cualquier lugar del mundo”. Muchos se dispersaron por Canadá, Australia y Estados Unidos. Otros terminaron en Israel. Entre ellos Menahem Begin, el entonces suboficial del Ejército Polaco que organizó el Estado de Israel. Otros, como Bortnowski, terminaron en la Argentina. Todo eso en 1948.
¿Por qué eligió la Argentina?
–Porque fue el único lugar que pude elegir. Iba a trabajar en Londres con un cineasta escocés haciendo documentales en todo el Imperio Británico, pero cuando el gremio se enteró de que era polaco, me prohibió. La lista de ingleses desocupados eran tan larga como la de Schindler. Y para entonces Norteamérica ya no tenía cupo de ingreso. Bortnowski recuerda aún el diálogo con un superior:
–¿Pero a dónde me puedo ir ya mismo? –se enojó.
–Puede ir a la Argentina.
Se dirigió a la Embajada de la Argentina en Londres. Le dieron el ok. Y embarcó de inmediato. A pesar de haber filmado tanto, eligió sólo dos latas como compañía de viaje: la primera es una imagen de cuando fue condecorado con “La Cruz de los Valientes”, por estar en el frente; la otra es de la famosa batalla donde fue tomado el claustro de Montecassinos, en Italia, en mayo de 1944. Además, recibió “La Cruz de Alberto”, “La Cruz por la acción en Italia” y varias distinciones inglesas.
¿Qué sabía de la Argentina?
–Nada. Pensaba que Buenos Aires estaba sobre el mar.
Sucesos Argentinos
Bortnowski llegó en pleno gobierno de Perón. Se acercó al Ejército a pedir empleo pero lo derivaron a la Marina, que tenía un departamento de filmaciones. “Les gustó mi currículum y me recomendaron en Sucesos Argentinos, con quienes colaboraban.” Catorce años después llegó a ser director del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica. Y el más famoso “house organ” que ofició de antesala acartonada e informativa de los cines hasta su cierre definitivo en 1974. Aprendió el español mientras miraba por cámara, consiguió una mujer, cuatro hijos y nueve nietos.
Como habitante expulsado de un viejo continente destruido, la Argentina era, para él, un país de ascenso y destino esperanzador. Aunque a los pocos años ya volvía al ruedo, y filmó una nueva contienda: la Revolución Libertadora de 1955, que despojaba a Perón del poder a puro cañonazo; las peleas entre Azules y Colorados, el levantamiento de Paracaidistas contra Onganía y los bombardeos a Plaza de Mayo. Volvió a Polonia recién en 1960 para ver a su familia con miedo de que lo arrestaran. “Iba con pasaporte de No-Argentino que daban a los residentes. Viajé a Suiza desde Buenos Aires a filmar para Sucesos Argentinos la inauguración de los vuelos de Swiss Air y cuando llegué me obsequiaron un viaje a donde quisiera.” Y visitó su tierra, aunque pronto retornó al país. Después del cierre de Sucesos Argentinos fundó una productora cinematográfica que llamó Notrus Film. Y tuvo la primera herida grave de guerra: se le reventaron los intestinos en Campo de Mayo en 1990, cuando filmaba dentro de un tanqueque cayó en un cráter. Le hizo un juicio al Ejército y se lo ganó. Aunque todavía espera la paga.
Su archivo personal resguarda imágenes de Sucesos Argentinos. De la guerra, en cambio, ni siquiera tiene lo de Montecassinos que mandó de vuelta a Polonia. “Cada tanto descubro mis filmaciones en documentales norteamericanos.” En su pieza tiene frescas las imágenes de un país .éste– que ya no existe: hay en un collage despintado, un hombre de pelo engominado filmando revueltas pasadas en blanco y negro; un diploma otorgado por la Asociación de Reporteros Gráficos; una foto filmando los Saltos del Moconá; otra tomada al Che Guevara durante la visita a Uruguay en 1962; una película que filmó con Borges y todavía guarda “porque ningún canal quiso comprármela”; una vieja cámara de origen francés, comprada en Norteamérica; y un proyector de “cine portil” de 100 kilos de peso. Ahora, frente al televisor se anima a descubrir unas pocas imágenes de su pasado que acompañan un especial que le dedicó la televisión polaca en 1998. Tadeo se dice Tadeusz en su idioma. Pero él piensa que ya no es de donde es: “No tengo pasaporte polaco”.
Sobre la crisis argentina, laconiza: “Esto es lo más oscuro que he vivido en la Argentina. Veo nubarrones sobre el país, aunque tengo mucha fe, porque la Argentina no puede tener hambre. Nuestra crisis no es la que vivieron Rusia o los países europeos después de la Segunda Guerra. Acá la gente no muere de hambre como lo hicimos nosotros”.
¿Podría elegir una sola imagen entre las que filmó?
–Me queda claro el precio que pagó Alemania por haber seguido a Hitler, que pregonaba una raza superior. El nazismo demostró la pequeñez humana.
Pero cuénteme una sola imagen...
–No puedo. Le juro que no puedo.
lunes, 27 de junio de 2011
Un inmigrante italiano
Esto es narrado por un ciudadano sobre su padre, el cual nos cuenta las vicisitudes vividas por el mismo. Nos relata que durante la 2º guerra mundial, vivía en las montañas de Reggio Calabria, ITALIA- y debía bajar unos 5 Km. a pié, caminos desnivelados y difícil de transitar, en busca de alimentos que eran muy escasos, (del cual caminaban de noche) escondiéndose de los gendarmes que que si era descubierto le retiraban todo lo conseguido.
En esa época para no ser desertor de la guerra se ofrece como voluntario en África, ya que sino era cargados en camiones y trasladados a lugares lejanos y sin destino fijo, aludiendo que su esposa estaba embarazada, fue su excusa para no alejarse de su Flia. y así ser mandado a África, donde trabajo solucionando problemas en zonas desbastadas por la guerra.
Llegado el año1949,y teniendo su último hijo, decide que su Flia. egrese (ante la posibilidad de una nueva guerra) de ese país.
En ese momento las opciones erab vivir era EE.UU. y ARGENTINA decidiéndose por este último por tener familiares y pudiéndose alojar en sus viviendas.
Años mas tarde viajo él para unirse con los suyos, comprando luego un terreno, y con su trabajo de albañil se ayuda para construir su hogar.
Es así que se considera UN INMIGRANTE ITALIANO EN NUESTRO PAÍS (Cristina-Irma)
Esta es una historia verdadera.
Esta historia comienza 1949 después de la finalización de la guerra. Un día papa teniendo tres hijos barones y por miedo de otra guerra le propuso a mi mama de emigrar a Argentina. Primero vino papa con mis dos hermanos mayores, a los seis meses mama con los cuatros hermanos que habíamos quedado por ser menores.
Mis dos hermanos mas chicos, al subir en Brasil unos chicos con sarampión se contagiaron estando muy mal lo llevaron directamente al Hospital Muñiz en cuarentena. Esa fue la primera imagen que tuve de Buenos Aire y Argentina. Gracias a un amigo que nos alquilo una casa en Quilmas, de a poco nos fuimos acomodando.
Papa empezó a trabajar mis hermanos mayores y yo también, lo mas chicos iban a la escuela .Yo siempre preguntaba porque nuestro apellido no era Italiano, ya que no figuraba en ningún registro. Mientras fueron pasando los años siempre decía que de alguna manera yo tenía que averiguar de qué origen era mi apellido. En el año 1993 por primera vez pude volver a mi pueblo natal ( Gruaro Provincia Venecia) Allí empeze la búsqueda ,siguiendo los pasos, me mandaron en la ciudad adonde se había casado mi abuelo(Luís)
Así llegue de ciudad en ciudad hasta la ciudad de (Mota) donde no pude seguir porque en un incendio ocurrido años anteriores se quemaron todos los archivos. Imposible seguir ya no tenía con que, fue una pena, había llegado a 1720
miércoles, 15 de junio de 2011
HISTORIA VERÍDICA DE UN INMIGRANTE ITALIANO
Esto es narrado por un ciudadano sobre su padre, el cual nos cuenta las vicisitudes narradas por el mismo.
Nos cuenta que durante la 2º guerra mundial vivía en la montaña de Reggio Calabria, y de no bajar unos 5 Km. a pie, caminos desnivelados y difíciles de transitar, en busca de alimentos que eran muy escasos, escondiéndose de los gendarmes que si era descubierto le retiraban todo lo conseguido.
En esa época para no ser desertor de la guerra se ofrece como voluntario de África, ya que si no era cargado en camiones y transladados a lugares lejanos sin destino fijo; aludiendo que su esposa estaba embarazada fue su excusa para no alejarse de su Flia. y así ser mandado a África, donde trabajó solucionando problemas en zonas desbastadas por la guerra.
Llegado el al 1949, teniendo su último hijo decidió que su Flia. egrese (ante la posibilidad de una nueva guerra) de ese país.
En ese momento las opciones para ir a vivir era EE.UU.y ARGENTINA, decidiéndose por este último y tener familiares y ellos no teniendo vivienda.
Años mas tarde viajo él para reunirse con los suyos, comprando luego un terreno, y con su trabajo de albañil se ayudo para construir su hogar.
Es así que se considera un INMIGRANTE ITALIANO EN NUESTRO PAÍS. (Cristina - Irma)
lunes, 13 de junio de 2011
INMIGRANTES EN ARGENTINA
PROCESO INMIGRATORIO: El cambio económico-social,fue la apertura del pais a la inmigración. La Arg. comenzo a traer inmigrantes,ofreciendole facilidades para su incorporación, sin garantizar la posesión de tierras, así lo estableció la ley de colonización de 1876.
CAUSAS DE LA IMIGRACION:
1- La necesidad de Arg. de integrarse al Mercado Europeo.
2- Arg. necesita mano de obra, como consecuencia del proyecto de expansión del sector agropecuario; y Europa liberaba mano de obra, como consecuencia de la tecnificación del agro y la segunda revolución industrial.
3- Se contaba con una zona apta para la explotación agropecuaria, la Pampa Humeda, del cual se requería mano de obra y capital, escaso en nuestro país.
"Para tener una idea aproximada del enorme flujo de inmigrantes" tenemos que en 1881 y 1870 el pais recibió 160.000inmigrantes, y 1881 y 1890 la cantidad de Inmig. fue de 841.000. Predominaban Los Italiano y Españoles, los primeros en llegar fueron Italianos, luego siguieron los Españoles, Ingleses, Franceses, Alemanes, Suizos etc.
jueves, 9 de junio de 2011
historias de imigrantes
La historia comienza en Cassano Allo Ionio, Italia, en 1925 cuando nace mi abuelo, José Bloise.
Al no ser una familia adinerada los padres eligieron entre él y su hermano, quién debería ir al colegio, la madre (que le tenía un especial afecto a su hijo Domingo, según siempre nos contaba el abuelo) “eligió” que el hermano de mi abuelo fuera el que estudiara en la escuela de Bellas Artes del pueblo; mi abuelo que era amigo de unos sacerdotes que tenían una escuela en ese lugar, pudo estudiar en su escuela hasta los quince años, ya que el decía que le daba vergüenza estudiar “de prestado”, entonces lo abandonó.
En ese entonces el que no estudiaba aprendía un oficio (pintor, albañil, carpintero etc.) en este caso, él eligió aprender el oficio de zapatero.
En el año 1948 se casó con mi abuela, Rosario, y tres meses más tarde vino para Argentina, y se instaló en la casa de un tío abuelo, llamado Felipe.
Empezó a buscar trabajo relacionado con su oficio, y dio una especie de examen de ingreso en una fábrica muy conocida. Como él en Italia había aprendido una técnica para coser los zapatos que acá no se implementaba, que era la costura por dentro, y los zapatos finos de dama Luis XIV se pegaban o cosían por afuera cosa que no quedaba nada delicada, los dueños de la empresa lo aceptaron rápidamente .
Al tiempo, más o menos a los dos o tres meses llegó mi abuela y se instalaron juntos en una casa en el pasaje Bianchi.
Al poco tiempo, mi abuelo, logró juntar una buena suma de dinero y con eso empezó a construir una casa en la calle Saladillo, a media cuadra de la anterior, que se convirtió en su fábrica propia, la cual tuvo mucha reputación, ya que famosas como Ana Maria Picchio, Evangelina Salazar entre otras compraban zapatos ahí.
Luego de unos años, cuando lograron estar bien económicamente, decidió cerrar la fábrica (impulsado por la estafa del socio) y cobrar la pensión de Italia.
Como recuerdo nos quedaron unas hormas de zapato que utilizaba para confeccionar los mismos y mis primeros pares de zapatos.............................
Antonella Bloise, 3º A cbu
Su familia quedó en Portugal y para mantenerse unido a ella escribía cartas que por supuesto tenían respuesta.
Cuando vino a
De mi tatarabuelo el baúl pasó a mi bisabuelo, y de él al hermano de mi abuelo. Cuando éste tuvo que ir a EE.UU. a vivir para probar suerte allá, para que el baúl no se perdiera pasó a mi abuelo.
Además de las cartas, también hay recuerdos del hermano de mi abuelo, como fotos y restos de vajilla.
Estefanía Bento, 1º ‘B’ C.B.U
buscar: nireblog
martes, 31 de mayo de 2011
Bienvenid@s al blog Raíces Enredadas
Bien venidos a esta nueva propuesta.de conectarnos y cambiar informaciòn sobre todo lo que es cultura historias familias y las raices de donde venimos.
Te invitamos a participar en este trabajo sobre nuestras descendencias.
trataremos en este blog de conocermos un poco mas a traves de nuestras culturas y de ese modo compartir distintas tradiciones
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